Te dicen que es una guerra y no es una guerra. Una guerra es el resultado de las decisiones del hombre. La epidemia del COVID-19 lo es, si acaso, de sus indecisiones. Y no es fácil decidir frente a algo tan extraordinario, los gobernantes administran la crisis como pueden, improvisando, sin manuales ante lo extraordinario.

Se habla tanto de los cambios que la crisis traerá, de futurología. Una crisis no cambia nada por sí misma. Lo cambian las fuerzas que pelean a partir de la crisis —y que la crisis puede cambiar—.

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A pesar de la contingencia, los mexicanos se une cada ves más.

Habrá sectores que tratarán de restablecer el reino del mercado, habrá otros que intentarán mantener más presencia del Estado y, según la potencia destructiva de la crisis. La cuestión será ver qué se hace cuando el miedo pase.

Quizás estemos aprendiendo, en estos días, que gastamos mucho más que lo que necesitamos. Que hemos armado sociedades que despilfarran en tantas tonterías en lugar de invertir en lo que importa: cuidarnos a todos. Ojalá salgamos de estas semanas de austeridad forzosa convencidos de que no era necesario gastar tanto.

Que no vale la pena correr y correr, que no vale la pena acumular: que se puede vivir de otras maneras, que todo puede deshacerse en un segundo. Lo sabíamos, decíamos que lo sabíamos, pero no. Hoy lo estamos viviendo. Hoy necesitamos conectar con sentido.

¿Cuán diferente será el mundo tras la COVID-19?

En marzo de 2020, el rabino Jonathan Sacks, figura destacada del panorama intelectual en el Reino Unido, describió la catástrofe de la COVID-19 como “lo más cerca que hemos estado de una Revelación para los ateos”.
En ese momento, parecía una comparación acertada, porque recogía el espíritu bíblico de conmoción que muchos sentimos al vernos frente a una crisis tan repentina, intensa y extremadamente acelerada.


Sacks señaló que “llevamos más de medio siglo en punto muerto y, de golpe, nos vemos obligados a afrontar la fragilidad y la vulnerabilidad de la condición humana”.


Así pues, la crisis es una revelación en un sentido mucho más literal, porque nos hace centrar la atención colectiva en las muchas injusticias y deficiencias que ya existen en nuestro convivir. Si antes la ceguera nos impedía ver estos defectos, ahora es difícil no verlos.

¿Cuán diferente será el mundo tras la COVID-19? Muchos de los problemas a los que nos enfrentaremos en la próxima década serán simplemente una versión más extrema de los que ya nos acechan hoy. Esta vez, el mundo solo cambiará significativamente si, al salir de esta crisis, decidimos tomar medidas para resolver dichos problemas y llevar a cabo una transformación fundamental.

Tendencias de la nueva realidad tras la pandemia

El Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada ha analizado cómo puede ser el mundo después del COVID-19 y ha detectado algunas tendencias que, aunque en este momento solo estén en fase de mínima percepción, pueden dar una idea de a qué escenarios habrá que enfrentarse en el mediano plazo.

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Los mexicanos también se preparan para la nueva normalidad digital.

El Instituto de Coordenadas destaca que habrá que "reinventar" los mercados financieros.

"El mundo del dinero, los mercados bursátiles y de la inversión, entraron en pánico en el minuto uno de las crisis del coronavirus, agravando la sobre reacción de lo ocurrido en 2008, como si nada se hubiese aprendido".

Otro de los elementos que apunta es la digitalización, ya que afirma que esta crisis sanitaria no es algo excepcional y

"se va a repetir en los próximos años de formas impredecibles y diferentes. Las medidas de confinamiento pueden formar parte de nuestro catálogo de costumbres y hábitos en un futuro próximo".

El conocimiento es otra de las variables que añade a esta lista de tendencias. Argumenta el Instituto Coordenadas que el coronavirus ha generado esta pandemia porque ha cogido desprevenidos a todos; y lo ha hecho, básicamente, porque nadie sabía nada de cómo era capaz de expandirse y de generar tanto daño.

Por ello: "tener ese conocimiento se ha vuelto, de repente, estratégico. Un conocimiento global, que abarca todo el espectro de datos asociados a la pandemia, desde la propia biología de virus a la estructura sociosanitaria de la población. De nuevo los datos van a ser esenciales y su control y manejo generará un nuevo tipo de inteligencia esencial para la vida de cualquier nación".