Este Día Mundial del Turismo es una ocasión para reconocer el papel que el turismo desempeña fuera de las grandes ciudades y su capacidad de construir un futuro mejor para todos; es tiempo de voltear a verlo para hacerlo evolucionar.

Año con año, cada 27 de septiembre celebramos el Día Mundial del Turismo, actividad económica que tiene la capacidad de crear oportunidades fuera de las grandes ciudades y preservar en todo el mundo el patrimonio cultural y natural.

Sin embargo, este año, la celebración llega en un momento crítico, lleno de restricciones, cuarentenas y una pausa económica. Pero a la vez, el turismo se convierte en un haz de esperanza para impulsar la recuperación económica tras la pandemia del COVID-19, donde el sector es un empleador importante y un pilar económico que empodera a comunidades rurales, ofreciendo empleo y oportunidades, sobre todo a mujeres y jóvenes.

Para innumerables comunidades rurales de todo el mundo, el turismo es un proveedor principal de empleo y oportunidades. En muchos lugares, es uno de los pocos sectores económicos viables. Además, el desarrollo a través del turismo puede también mantener vivas las comunidades rurales.

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El turismo se ha visto afectado en México en el 2020

Se estima que, para 2050, el 68% de la población mundial vivirá en zonas urbanas, mientras que el 80% de quienes se encuentran actualmente en una situación de “pobreza extrema” viven fuera de las ciudades.

La situación es especialmente difícil para los jóvenes: los jóvenes de las comunidades rurales tienen tres veces más posibilidades de estar desempleados que sus mayores. El turismo es una cuerda de salvamento que ofrece a los jóvenes la oportunidad de ganarse la vida sin tener que emigrar, ni dentro ni fuera de sus países.

La pandemia le cambia la cara al turismo

Uno de los sectores más golpeados por la actual crisis, el turismo, se enfrenta al reto de una reapertura en medio del temor a un rebrote, pero también al agotamiento generado por el confinamiento.

Según la Organización Mundial de Turismo (OMT), el turismo en el 2020 se reducirá entre un 60 y un 80%, poniendo en peligro entre 100 y 120 millones de empleos. Se trata del peor resultado desde 1950 y el fin de un crecimiento sostenido desde el 2009. “Desafíos considerables persisten, empezando por la desconocida duración de la pandemia y de las restricciones de viajes, en un contexto de recesión económica global”, advierte el organismo.

A pesar de que muchos destinos ya están comenzando a abrirse a los turistas, especialmente en Europa, la incertidumbre es grande. ¿Qué tan preparados están los establecimientos y operadores turísticos para garantizar la bioseguridad? ¿Será más fuerte el temor a contagiarse o las ganas de viajar? Y en el caso de quienes estén dispuestos, ¿tendrán los recursos suficientes para asumir el gasto?

Entre el optimismo y el temor, el sector turístico busca adaptarse a lo que muchos llaman "la nueva normalidad". Una de las grandes preocupaciones, tanto para turistas como operadores, es la bioseguridad en medios masivos de transporte, tanto aéreos como terrestres.

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Las aerolíneas se preparan para ofrecer servicios en la "nueva normalidad"

De acuerdo con información recogida por el Foro Económico Mundial, los hoteles en diferentes partes del mundo se preparan para cumplir con las normas de bioseguridad. En algunos casos han planeado la ampliación de los espacios comunes y el reemplazo de materiales por otros de fácil limpieza. Otros han reducido el número de mesas en el restaurante para que haya más espacio entre los comensales.

Automatizar procesos que antes se tenían que hacer en forma manual puede ayudar a evitar el contacto entre las personas, clave para reactivar las actividades turísticas de forma segura.

La llegada del COVID-19 forzó al turismo depredador a detenerse abruptamente. Ahora, representantes de organizaciones internacionales, gobiernos y empresas privadas buscan que la reactivación traiga consigo otro tipo de turismo.

“Creemos que la acción climática es un compromiso colectivo con la sostenibilidad de todo el sector de viajes y de este mundo que tanto nos gusta explorar”, le dijo a la OMT James Thornton, CEO de Intrepid Travel.

Turismo post-COVID: una industria inteligente

La reconstrucción del mundo post-COVID estará marcada por la digitalización. Las nuevas tecnologías no son ya un elemento útil para competir, sino una herramienta fundamental para sobrevivir.

En el ámbito del turismo, uno de los ámbitos donde hay terreno para adoptar tecnología que tendrá vida más allá del COVID-19 es en el control del aforo mediante soluciones digitales basadas en cámaras que permiten el conteo de personas y la medición de la distancia interpersonal, una fórmula que se va a utilizar en grandes playas, museos u otros destinos turísticos donde puede haber una gran afluencia de personas.

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Es una tecnología que va a ayudar al gestor también en el futuro porque le permite dar mejor información al turista. Si un gobierno municipal te avisa de que una playa está muy concurrida, puedes optar por ir a otra cercana. Si te comunican que hay dos horas de espera para entrar en un monumento, pero gracias a la tecnología y la analítica predictiva te dicen que vas a tardar 20 minutos en otra franja horaria, puedes cambiar tus planes de visita.

La tecnología también será un aliado para promover soluciones que reduzcan al mínimo el contacto en hoteles, restauración o comercios. Se busca eliminar ese elemento de fricción con soluciones que van desde el pago contactless, hasta las entradas en los móviles o los códigos QR para ver la carta y hacer el pedido en un restaurante.

Como está ocurriendo en otros sectores, el COVID-19 está acelerando la adopción de ciertas soluciones digitales en el transporte de viajeros. Es el caso de la implantación del reconocimiento biométrico, que puede despegar en un momento donde se busca minimizar el contacto.

Porcentaje ocupación sector Hotelero. Fuente: Monitoreo Hotelero DataTur.

En los aeropuertos, el reconocimiento facial como método de autenticación se podría emplear desde la llegada del viajero a la terminal hasta el embarque. En un proyecto que se está probando en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, la identificación biométrica se emplea en la facturación, el control de seguridad y la puerta de embarque, lo que permite que los viajeros puedan coger su vuelo sin necesidad de mostrar ningún billete o documento de identificación.